Con la participación de una decena de contertulios y diezmado nuestro quorum por la realización paralela del partido de futbol de Colombia, escuchamos diversas interpretaciones del hecho político electoral. En primer lugar, se hizo evidente el intento de fraude masivo con el uso discrecional de la tarjeta E-14 que permitía ocultar votos bajo la voluntaria actividad de jurados de dudosa selección. Sólo al abrir las urnas y realizar el primer conteo era posible ver la diferencia de papeletas y las cifras registradas. En las mesas donde hubo participación de testigos electorales del Pacto Histórico se evidenció el fraude llamado ingeniosamente “errores” por el Registrador. Hubo confesión pública de algunos jurados valientes que indicaron haber recibido ordenes precisas en tal sentido. Ocultar las papeletas que tenían marcado el Pacto Histórico. Fue tal el volumen del fraude que en la primera diligencia se encontraron mas de medio millón de votos ocultados maliciosamente por los jurados y lo cual permitió al Pacto obtener varias casillas más para Senado. Si se hubiese hecho el reconteo existían dos posibilidades: o se prestaba para aumentar el fraude por la suspensión de la cadena de vigilancia de los registros electorales o de pronto se encontraría con otros cientos de miles de votos de las numerosas mesas donde los seguidores de Petro no pudieron hacer vigilancia con testigos. Eso explica en parte la actitud de algunos partidos como el Centro Democrática cuyo líder el Dr. Uribe expresó públicamente que no reconocía esos votos y pidió reconteo y luego se arrepintió junto con otros grupos. La advertencia de inconstitucionalidad fue la mejor manera de cubrir con tierra la gigantesca trampa tendida en esas elecciones. Pero se alega que en este país donde asoma la corrupción a flor de piel no era posible esperar otra cosa. Sin embargo, se terminó aceptando los resultados que colocaron por primera en la historia nacional a un grupo opositor de izquierda como la mayor fuerza en el Senado aun cuando claramente las mayorías numéricas seguirán en manos de los grupos de Centro y derecha. Esto significa que si llegare a asumir la presidencia Petro tendría un Congreso en contra y tendría que buscar alianzas para obtener gobernabilidad y seguramente tendría que sacrificar el contenido de muchas de sus propuestas. Por otra parte, se evidenció la polarización del país con el crecimiento marcado de la votación del Equipo por Colombia que representa la derecha de acuerdo a las posturas de su líder el Dr. Federico Gutiérrez. La esperada tercería de centro que se creía podría ser el Dr. Sergio Fajardo quedó postergada a un distante lugar de muy difícil crecimiento en estos dos meses que faltan. Los primeros movimientos de los candidatos mayoritarios ha sido escoger sus fórmulas vicepresidenciales. Cuando algunos llegaron a pensar que Petro iba a negociar a su candidata Francia Márquez para obtener apoyos de otros grupos, tal evento no ocurrió y su confirmación genero una amplia expectativa por sus condiciones raizales y étnicas además de una amplia favorabilidad en los segmentos que representa. El Dr. Sergio Fajardo nombró al Dr. Luis Murillo también proveniente de las negritudes del Chocó lo cual muestra la intención de obtener la participación de esos olvidados segmentos de la población colombiana que sobreviven nuestra frágil democracia con hambre y resignación. De Fico se conoce su intención de nombrar a Rodrigo Lara Sánchez exalcalde de Neiva en un claro intento de captar sectores de centro. Así se configura un intenso juego político en el país donde claramente se han polarizado las fuerzas de izquierda y derecha y el fiel de la balanza serán los sectores de centro cuya existencia deletérea es confusa pues todos los grupos asumen que su posición es de centro.
Sólo resta que esta coyuntura política no vaya a borrar lo poco que queda de institucionalidad recordando que si no logramos que el país acepte la paz y la convivencia como única salida estaremos al borde del abismo expuestos a tentativas golpistas y anti-democráticas.
DR GERMAN LIEVANO R.
