DR. Mario Melguizo (Medellín) Noviembre 2021
Cierta tribu de Java creía que la música había nacido una vez que arrancó el viento una fibra de bambú. Esta quedó colgada de un árbol y al pasar luego el viento por ella, aquella fibra empezó a emitir sonidos por vibración. Esta casualidad fue luego reproducida artificialmente. De una caña de bambú separaban con precaución una fibra, quedando ambos extremos sujetos al canuto y luego introducían unos bastoncillos por debajo para que la fibra se mantuviese tirante. En esta pequeña invención tuvieron su punto de partida todos nuestros instrumentos de cuerda. Se podía golpear, pulsar o frotar con un arco. Muy pronto se juntaron varias fibras de distintas longitudes, obteniéndose así notas de diferente altura. A este principio responden arpas, pianos y demás instrumentos de cuerda.
Pero estos primeros imstrumentos producían sonidos muy débiles. La adición de cuerpos de resonancia: una cáscara, una caja de madera, piedra, metal o vidrio, produjo con el correr de los siglos los más variados instrumentos (1).
Este antiquísimo instrumento, principio de los instrumentos de cuerda, fue continuado por las liras antiguas, término que se emplea para designar en forma genérica a una familia de cuerdas pulsadas usadas en la antigüedad: Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma y que sólo subsisten en nuestros días en África Oriental. Las formas antiguas de liras aparecen representadas 3.000 años a. C., por el arte sumerio o halladas en la necrópolis de Ur, las cuales eran asimétricas. En Grecia, este instrumento ha cambiado de forma a lo largo de su evolución y poseían un nombre propio: Chelys, Phorminx, Cítara y Lira.
Ciertas tradiciones daban a la Chelys como la más antigua. Su nombre y su forma derivarían del caparazón de la tortuga, que constituía su caja de resonancia (2). Esto nos trae a la memoria el pasaje mitológico en el cual Hermes, entre los griegos considerado el donante de la música, mensajero de los dioses, quien, enviado por sus padres Júpiter y su amante Maya a cumplir alguna misión, cuando recorría las costas mediterráneas encontró el caparazón de una tortuga, sobre el cual tendió cuerdas de tripa robadas a su hermano Apolo (1).
Al parecer la Phorminx y la Cítara eran las formas más evolucionadas de la Chelys. La lira propiamente dicha parece haber sido una Phorminx o una Chelys más perfeccionada; Píndaro, Eurípides y otros empleaban estos tres términos como sinónimos (2).
Estos instrumentos sirvieron de base en la Edad Media para crear el Timpanon y el Salterio (1). El primero es una especie de cítara trapezoidal, triangular, rectangular o curva, cuyas cuerdas son golpeadas con varillas (Europa, a partir del siglo XII aproximadamente) (3). El salterio, por el contrario, era pulsado; consiste en una caja prismática de madera, abierta más por la parte superior y sobre la cual se extienden varias hileras de cuerdas metálicas que se hieren con un plectro, mediante uñas de marfil o con los dedos (3).
El Timpanon y el Salterio condujeron a las formas primitivas del clavicordio y del clave respectivamente.
La pulsación propia del Salterio reapareció en el clave en el Siglo XIV, provisto de una púa que tira de la cuerda, lo que origina su sonido agudo y rechinante; pero era imposible pasar en este instrumento paulatinamente del fuerte al piano, lo cual era muy importante en la música de la época barroca (1). Su aspecto externo es semejante al de un piano de cola afilada; igual que éste se trata de un instrumento de cuerdas y teclado y el ejecutante se sienta ante el teclado. Pero la semejanza termina aquí y definitivamente no puede considerarse como el antecesor del piano como erróneamente se le ha considerado, ya que sus cuerdas son pulsadas y no percutidas como ocurre en el piano. El clave fue precedido por la espineta (y su derivado inglés, el virginal), del cual sólo se diferencia por la posición de las cuerdas, pues se sitúan paralelamente al teclado en éstos y perpendicularmente en aquel; debido a ello el clave es alargado y la espineta rectangular, pentagonal o en forma de ala (4).
En este orden de cosas, el clavicordio sí puede considerarse como el antecesor del piano, ya que su sistema está dispuesto de tal manera que sus cuerdas son percutidas por piezas de madera coronadas con unas terminaciones metálicas; su caja es rectangular. Al presionar las teclas se acciona un mecanismo que golpea las cuerdas por debajo (4). Juan Sebastián Bach escribió para el clavicordio su Clave Bien Temperado y aún hoy sería el mejor intérprete de su música si el sonido de éste instrumento no fuera tan delicado y suave que sólo es audible en salas muy reducidas (5).
Estrictamente entonces, los antecesores del piano serían, en su orden, el Timpanon y el clavicordio, sin olvidar el bastón musical. El clavicordio es cultivado por los partidarios de una ejecución matizada y expresiva mientras que la espineta y el clave deleitan a los amantes de sonoridades brillantes. Se poseía el piano y el forte, pero no su paso paulatino, efecto cada vez más deseado.
Los constructores piensan entonces en los pequeños martillos percutores de las cuerdas. Uno de los primeros instrumentos construidos en esta forma fue, quizá, cierto tipo de Clavisimbalum descrito hacia 1460 por Henri Arnault de Zwolle, en el que vemos que la cuerda es puesta en vibración por una pieza emplomada y fijada al extremo de la tecla.
Sin embargo, es el clave el que domina durante la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, pero tiene que cederle el paso al nuevo pianoforte, más expresivo y que venía siendo buscado simultáneamente por Italia, Francia y Alemania. Los resultados se hicieron por fin tangibles en 1709 para Italia y en 1716 y 1717 para franceses y alemanes (5). Como en el antiguo Timpanon, ahora, mediante una tecla, el macillo se precipita contra la cuerda, pero ésta queda inmediatamente libre y puede vibrar.
Aunque el sonido se extingue muy de prisa, según que el macillo sea lanzado con fuerza o suavemente, resultan los distintos matices del piano al forte. Con la pulsación podrá desenvolverse ahora todo un arte del colorido pianístico (1).
El invento del pianoforte se atribuye al constructor italiano Bartolommeo Cristofori, quien tuvo la idea de reunir en uno solo las cualidades de dos instrumentos de teclado entonces en uso: el clavicordio y el clave.
Esta nueva idea parece oponerse a la que habíamos mencionado antes, cuando afirmábamos que el clavicordio era el único antecesor; pero continúa siéndolo, en el sentido de que del clavicordio fue tomado el principio fundamental, es decir, el sistema de accionar por medio de cuerda golpeada, aunque la lámina de metal que pone la cuerda en vibración fue reemplazada por un martillo cuya cabeza está recubierta de piel. Del clave toma tan sólo un sistema secundario, pues conserva en el pianoforte una hilera de martinetes que, cubiertos de tela, formarán los amortiguadores (5). De ninguna manera hemos querido pues restarle importancia a la contribuciòn del clave al desarrollo del pianoforte, pero sí, en honor a la verdad, reconocer en el clavicordio al antecesor directo del nuevo instrumento.
Ha sido concebido entonces el pianoforte y es, dos años después, cuando el Giornale dei Litterati D`Italia da a la publicidad este invento (1711): “Audaz, no menos felizmente concebida que ejecutada en Florencia por el Signor Cristofali (sic) de Padua, constructor de clavecines al servicio de S.A. el Príncipe de Toscana…la producción del sonido más fuerte o más débil depende del grado de potencia con que el intérprete se apoya en las teclas; por medio de este mecanismo se obtienen, no sólo los pianos y los fortes, sino también la gradación y la diversidad de potencia”.
Estaban solucionados ya tres aspectos importantes:
1. La proyección del martillo
2. El escape, es decir, la posibilidad para el martillo de caer libremente, sin rebotar, desde que ha golpeado la cuerda e inmediatamente antes de que el dedo haya dejado de presionar la tecla.
3. La extinción del sonido.
Cristofori continúa el sistema de tal manera que los instrumentos construidos a partir de 1720 son casi perfectos. Dos muestras de este tipo de fabricación se encuentran en el Museo Metropolitano de New York y otra, de 1726, en el Museo de Instrumentos Musicales de la Universidad de Carlos Marx en Leipzig. El estudio de su mecanismo demuestra que todos los elementos del pianoforte moderno están ya presentes en ellos.
Sin embargo su invento no tuvo el éxito esperado. Se le reprochaba su sonoridad más apagada y menos limpia que la del clave (5). Ha quedado Cristofori en la historia como el inventor del piano y así hay que reconocerlo si nos atenemos a a una concepción bastante desarrollada y porqué no decirlo así, adelantada a su tiempo, del piano, pero fueron innumerables los artesanos que tuvieron la idea. Pantaleón Hebenstreit toca ante Luis XIV, en 1705 en Francia, un Timpanon con dos macillos, del que saca efectos pianísticos (2). En 1708, el francés Cuisinié somete a la Academia Real de Ciencias de su país, un instrumento en el cual las cuerdas con puestas en vibración por medio de un mazo de madera. Este procedimiento es precisamente el que sigue el célebre constructor parisiense Jean Marius, quien en 1716 crea cuatro tipos de “claves de macillos”. En Alemania, el organista, teórico y constructor Gottlieb Schroter presenta hacia 1717 un mecanismo de martillos, por lo cual se le considera el inventor del pianoforte en Alemania. Pero no logra comercializar su invento; es necesario esperar hasta la década de 1740-1750 para que su mecanismo llegue a ser admitido. Fue mejorado por Gottlieb Silbermann y el de éste a su vez por Andrea Stein, quien en 1773 le añade un escape, lo cual se hace célebre en toda Europa como “mecanismo alemán” o vienés y que fue entusiastamente elogiado por Mozart en 1777 en una carta a su padre.
Pero en Alemania, tanto Silbermann como su discípulo Johannes Zumpe, siguen trabajando influenciados por Cristofori y su mecanismo se extiende por Alemania, Francia, Italia e Inglaterra; son más sonoros que los instrumentos de Stein, pero de ejecución más pesada.
En Inglaterra, el descubrimiento del piano se remonta a 1711, pero es también necesario esperar hasta la mitad del siglo, para verlo convertido en práctica corriente.
El piano se ha comercializado ya en Alemania e Ingalterra, pero en Francia ésta empieza con la llegada a París en 1768 del alsaciano Sebastián Erard y más tarde de su hermano Jean-Baptiste. Emplean básicamente el mecansimo inglés, de sonoridad rica y potente, el cual más tarde combinan con el mecanismo alemán, cuyo teclado, muy ligero, se presta a las ejecuciones rápidas. Crea Erard un mecanismo cuya realización práctica le correspondió a su sobrino Pierre Erard, por medio del cual el martillo permanece constantemente en relación con la tecla, inclusive después de su lanzamiento, permitiendo la repetición rápida del sonido sin tener que esperar a que el sistema haya vuelto a tomar la posición de reposo. Lo adoptan las más grandes firmas: Broadwood (Inglaterra), Stein-way
(U. S. A.) y Steinweg (Alemania), Beckstein (Alemania), sin olvidar a la casa Pleyel, fundada en París en 1809.
Vale la pena anotar que uno de los aspectos que hizo posible la transformación y superación del piano fue que los constructores tuvieron muy en cuenta las aspiraciones de los compositores de su tiempo, los cuales algunas veces fueron también constructores (5).
América descubre también el piano; son construidos en Boston desde 1755 por Crehore; lo fabrican luego Osborne y Chickering (2).
El clave pierde su situación de privilegio y su reinado empieza a lan¬guidecer.
El piano es adoptado rápidamente por Mozart y Beethoven; este último le dedica sus 32 sonatas.
Los teóricos se preocupan por educar a los intérpretes y es así como el compositor y pianista Muzio Clementi publica en 1817 su célebre Gra¬dus ad Parnassum, el cual constituye una iniciación a la técnica del nuevo instrumento, de utilidad aún en nuestros días. El romanticismo ve en el piano a su mejor intérprete. Chopin y Liszt se entusiasman con sus posibilidades, las cuales quieren aumentar más y más, convir¬tiéndose en un reto para los constructores en lo que se refiere a la mejora progresiva del instrumento.
Hay dos innovaciones que enriquecen la sonoridad: el cuadro de fundi-
ción, que permite una mayor tensión de las cuerdas y el macillo de fieltro.
Posteriormente los constructores ven la necesidad de crear pianos de uso más corriente y capaces de ser acomodados en un espacio pequeño, por lo cual se piensa en el piano vertical; y fue precisamente Henry Pope quien aseguró su éxito con la ingeniosa idea de cruzar las cuerdas de los bajos con las de los agudos, basado en el principio de que la diagonal de un cuadrado es más larga que uno de los lados, con lo cual resolvió el problema de la sonoridad en un volumen reducido. Esto ocu¬rría en 1828 y esta nueva técnica fue pronto adoptada por las diferentes casas constructoras.
La historia del piano ha tenido, por lo tanto, varios "faros". Clementi, Beethoven, Chopin y Liszt como compositores; Silbermann, Erard, Pleyel, Steinway, entre los constructores.
Con respecto a la anatomía del piano sólo digamos que puede descomponerse en cuatro elementos: el bloque, la mecánica, el teclado y el mueble. No hemos de introducirnos demasiado en su interior ya que no es éste el objeto de nuestro tema, pero sí debemos llamar la atención acerca del cuadro de fundición, el cual es de tan extraordinaria rigidez que es ca-paz de soportar la tensión de las cuerdas, que en total puede alcan¬zar 20 toneladas.
Agreguemos también que los pedales, los cuales suelen ser dos y en oca¬siones tres, se encargan, el de la derecha, llamado forte, de aumentar la resonancia al levantar en conjunto todos los amortiguadores; el de la izquierda, llamado dulce, hace más débil el sonido, pues su presión a¬cerca el conjunto de martillos a las cuerdas, con lo cual acorta la dis¬tancia entre ambos produciendo el efecto mencionado.
El teclado, por lo general de 88 notas, posee teclas blancas y negras. Las primeras están plaqueadas de marfil o son de un material plástico; las segundas son de ébano o también plásticas.
El mueble, decorado a libre antojo, tiene poca participación en las cualidades sonoras del instrumento, siempre y cuando sea de madera. Esta madera empleada en la construcción de los pianos es selecciona¬da, secada y tratada con extremo cuidado y sufre posteriormente diver¬sas transformaciones.
El piano es el único instrumento que se basta a sí mismo después del órgano; se utiliza como gran solista o como gran acompañante. No se emplea verdaderamente en recitales hasta después de la segunda mitad del siglo XIX (2).
El piano seguramente acompañará siempre al hombre mientras exista. Sin embargo, se observa con tristeza un desinterés progresivo después de la segunda guerra mundial, pues ha sido suplantado por instrumentos menos costosos, que ocupan menos espacio y con menores exigencias en cuanto a su estudio, caracterizado por ser largo y profundo (5).
Medellín, agosto de 1977
Referencias
1. Herzfeld Friedrich. Los maravillosos caminos de la música. Ed.
Labor, 1966; 7-184.
2.Enciclopedia Salvat de la música. Tomo III. Barcelona: Ed. Salvat; 1.967.
3. Enciclopedia Salvat de la música. Tomo IV. Barcelona: Ed. Salvat; 1.967.
4. La Música. Tomo I. Barcelona: Ed. Planeta; 1.969.
5. La Música. Tomo II. Barcelona: Ed. Planeta; 1.969.
