Exponente: Dr. Hernando Mena (USA)
Miércoles 10 de Noviembre 2021
La habanera, el tango andaluz y la milonga son aceptados como sus predecesores inmediatos. Cada uno de ellos impartió al tango algunas características que le son propias y relacionadas con la instrumentación musical, la escritura de sus canciones, el baile, el arte interpretativo, y la manera de expresar sus sentimientos.
A lo largo de su historia de más de 150 años,
también ha logrado desarrollar una manera muy típica de expresarse con el uso de un lenguaje denominado lunfardo. Esta es una mezcla de varios idiomas como el Italiano, el Francés y vocablos africanos realizada a través de una interacción dinámica entre la población carcelaria, los jóvenes y los trabajadores industriales. El resultado es un lenguaje oculto-metafórico de carácter introspectivo que dice las cosas a medias. El lunfardo es la voz del arrabal. El tango escrito en lunfardo expresa la tristeza, especialmente en las “cosas del amor”.
De acuerdo a la Academia Nacional del Tango de Argentina, el género ha sufrido un proceso de desarrollo y evolución a través de etapas bien definidas que incluyen su origen, la guardia vieja, la guardia nueva, la vanguardia, y los períodos contemporáneo y actual. A cada una se le asignan fechas que muchos investigadores discuten y no aceptan. Es mejor describir el avance del tango como un proceso paulatino que va incorporando cambios a medida que suceden.
El origen del tango está marcado por hechos importantes en su interpretación musical y evolución literaria. Los primeros intérpretes se
pueden reunir en dos grupos, cada uno con características propias, que son los tríos y los pianistas. El trío estuvo compuesto por violín, flauta y guitarra en el que cada instrumento desempeñaba un papel específico: el violín cantaba, la flauta hacía la segunda voz y la guitarra marcaba el ritmo. Sus integrantes eran personas musicalmente analfabetas que no conocían el pentagrama y por lo tanto no sabían leer o escribir partituras. En sus presentaciones tocaban a oído actuando principalmente en prostíbulos. Uno de estos primeros tríos fue el del violinista Casimiro Alcorta (1840-1913), quien escribió un tango de tema prostibulario, pornográfico y de mal gusto titulado Concha sucia. Esta canción pasó a la historia como la primera en ser prohibida por un gobierno militar en Argentina y en haber sido remodelada por Juan Andrés Caruso (1890-1931) y Francisco Canaro (1888-1964) quienes la lanzaron al mercado con nueva letra y música bajo el nombre de Cara sucia.
El segundo grupo de intérpretes de los primeros tangos fueron los pianistas, unos señores doctos en el arte de la escritura y lectura de piezas musicales en el pentagrama. Entre ellos, se destacó Enrique
Saborido (1876-1941) quien se unió al compositor Ángel Villoldo (1861-1919) en la producción de un nuevo tipo de tango, denominado tango criollo, cuyo mejor exponente es La morocha, canción en la que Villoldo describe en estrofas simples el tema de la fidelidad en el amor. La morocha con su narración alejada del ambiente prostibulario y de los bajos fondos del arrabal, se convirtió en el éxito comercial más importante de principios del siglo XX al vender más de 100.000 discos y ser el primer tango conocido en Europa. Inició así una larga historia de difusión internacional que llevó al tango a convertirse en la música preferida en muchas ciudades y cortes europeas y le auguró un feliz retorno a su patria para ser aceptado por los estamentos sociales altos. En otras palabras, salió del suburbio y regresó para tomarse el centro de la ciudad.
Durante la guardia vieja el trío se transformó en cuarteto al agregársele el bandoneón, un instrumento importado de Alemania que poco a poco desplazó y reemplazó a la flauta para quedarse como el instrumento emblemático del conjunto tanguero. En 1910, el director Vicente Greco (1888-1924) comenzó a grabar tangos
instrumentales con un conjunto denominado Orquesta Típica Criolla compuesta de dos violinistas, dos bandoneonistas, un guitarrista y un flautista. Otros cambios llegaron pronto con la introducción del contrabajo para marcar el ritmo junto con el piano, y un cantante como estribillista. En 1912, le tocó el turno a Roberto Firpo (1884-1969) de ensamblar la Orquesta Típica de Tango al agregarle a su agrupación el piano como el conductor del ritmo en reemplazo de la guitarra, y disponer de cuatro bandoneonistas, cuatro violinistas, un contrabajista y el pianista. Esta es la estructura básica de la agrupación tanguera por antonomasia.
Al período de la guardia vieja le correspondió también el asentamiento e independencia del tango de sus predecesores literarios la payada, la canción criolla y el couplé español. Sus letristas le dieron una estructura propia compuesta de varias estrofas largas de tipo evocativo y narrativo y un estribillo que invita a la exhortación o reflexión. Fue la época del tango criollo, una canción triste y romántica que recuerda el pasado y la ciudad con sus barrios y arrabales. Entre los compositores más aclamados figuran:
Pascual Contursi (1888-1932). Fue el creador, junto con Carlos Gardel (1890-1935) de un nuevo tipo de tango conocido como el tango-canción, al que le introdujo temas de índole universal como la nostalgia, las frustraciones amorosas, la ambición, la decadencia, la codicia y la injusticia. En sus letras usó el lunfardo para describir historias reales a las que Gardel les dio su exacta dimensión interpretativa. Su tango Mi noche triste inició esta modalidad en todo su esplendor.
Celedonio Flores (1896-1947). Escribió tangos moralizantes y sentenciantes como su inolvidable Mano a mano. En sus versos puso énfasis en el amor. Su obra es de gran riqueza literaria con un manejo equilibrado del lunfardo como el lenguaje apropiado para cada tema.
Alfredo Le Pera (1904-1935). Fue contratado por la compañía cinematográfica Paramount para trabajar con Gardel en las películas que éste filmó en Francia y Nueva York. Escribió los guiones y canciones de dichas cintas en un idioma Español depurado de términos lunfardos que contribuyó al éxito de Gardel como el máximo intérprete de la
canción porteña y a la difusión del tango en la América Hispana. La calidad y el buen gusto de sus composiciones se pueden apreciar en su tango Volver. La guardia nueva correspondió al período en que los artistas definieron un estilo propio que les permitió el reconocimiento inmediato por parte del público, por ejemplo, la orquesta de Juan D’ Arienzo (1900-1976) por su ritmo rápido, adecuado para el baile; el director Julio De Caro (1899-1980) por la implantación de solos instrumentales durante las interpretaciones musicales; Osvaldo Fresedo (1897-1984) por la incorporación de otros instrumentos para obtener más sonidos y trabajar con nuevos timbres en su conjunto; el cantante Edmundo Rivero (1911-1986) con su voz grave, estilo dramático en la interpretación y creación evolutiva se convirtió en el artista más descollante del tango a través de su historia; y Aníbal Troilo (1914-1975) con su manera peculiar y personal de tocar el bandoneón fue llamado “El Bandoneón Mayor de Buenos Aires”. Toda esta generación contribuyó a que el tango llegara a su pináculo durante la llamada década del 40.
Los más insignes compositores de este grupo
fueron casi todos poetas, relacionados con el movimiento literario del modernismo, quienes decidieron expresar sus sentimientos en canciones populares que les permitieron acercarse a sectores de la población alejados de las élites de letrados. Entre ellos sobresalieron:
Homero Manzi (1909-1951). Fue maestro en el uso de la metáfora. Sus composiciones describen al hombre contemporáneo de Buenos Aires a través de recuerdos de su niñez que Manzi vivió en los barrios populares de la ciudad. Su tango Sur recopila muchas de estas vivencias.
Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Se inició como actor de teatro, hecho que le permitió amalgamar la simulación grotesca con la letra de sus tangos. Ducho en el uso del lunfardo, expresó en sus canciones la filosofía del pesimismo, la protesta social y la necesidad de la reflexión en el pensamiento. Su obra ha sido tildada de profética. Su canción Yira, Yira refleja su personalidad con un aire intelectual fácilmente identificable como discepoliano.
Cátulo Castillo (1906-1975). Consolidó en su obra
la exaltación emotiva del pasado, la pérdida del amor y la degradación de la vida. Sus letras están llenas de adioses y compasión por los que sufren y recurren al alcoholismo como elemento de fuga. Su tango La madrugada relata una despedida en medio de la noche llena de luces y ruidos callejeros.
Enrique Cadícamo (1900-1999). Creó un estilo propio que usó para describir un sinnúmero de situaciones y personajes dentro del ambiente del tango, con especial predilección por el recuerdo como nos lo cuenta en una de sus obras clásicas, el tango Niebla del Riachuelo.
Homero Expósito (1918-1987). Es considerado el más genuino e innovador poeta del tango de la generación del 40. En su obra supo combinar el romanticismo de Homero Manzi con el pesimismo grotesco de Enrique Santos Discépolo para iniciar una corriente de renovación en la letra del tango que perdura hasta nuestros días. Utilizó el verso libre logrando obras de indiscutible jerarquía como Percal, un tango escuchado y bien valorado que no pasa de moda.
Este ha sido un recuento parcial de la historia del tango que nos ha llevado desde su origen hasta su apogeo en la década del 40, con énfasis en su letra, su poesía, su expresión. Aspectos relacionados con la época de su vanguardia y los períodos contemporáneo y actual serán objeto de una narración posterior.
Material consultado: Ferrer Horacio: El libro del tango, arte popular de Buenos Aires. 3 tomos. Antonio Tersol, editor. Barcelona, Publicaciones Reunidas,1980 www.todotango.com wikipedia
